In Blog, Sufrimiento

Pelear es una de las cosas en las que, sobretodo las mujeres, invertimos más energía de vida. Y si tu piensas que en tu caso no es así te invito seriamente a que leas este artículo y te dejes sorprender.

Yo tampoco no era consciente hasta hace muy poco tiempo de las muchas situaciones en las que algo dentro de mi se dispara, muchas veces de forma sutil, y hace que me ponga en pie de guerra, dispuesta a atacar, a defenderme, a matar si hace falta…

Tengo la suerte (que ha veces la siento como una desgracia) de vivir y trabajar con un hombre que es muy sensible a mi energía y una de sus frases favoritas, sobretodo cuando trabajamos juntos, es decirme con una voz muy suave y mirándome con mucha compasión: “ Sonia, yo no te quiero hacer nada malo. ”

Te juro que por mucho que intento estar despierta y ser consciente de lo que hago y digo cada vez que él utiliza esa frase yo siento como si me hubiera tirado un cubo de agua fría por encima que hace que me despierte de golpe. Entonces me observo de verdad, me doy cuenta de que mi cuerpo está tenso por dentro, que aprieto la mandíbula, contraigo los músculos del abdomen, aprieto los hombros. Cuando me paro a sentir lo que realmente siento por dentro me doy cuenta de que siento miedo. Es un miedo completamente irracional (porque yo SE que el no me quiere hacer nada malo) que me dice que él no me va a escuchar, que tengo que pelearme por hacerme entender, que si no me defiendo el otro me va a comer viva sin que yo me de ni cuenta.

Cada vez que le doy espacio a ese miedo puedo sentir que es un miedo que está muy relacionado con mi condición de mujer y que se dispara sobretodo cuando estoy con un hombre. Pienso que las mujeres hemos sufrido y en muchos países seguimos sufriendo de forma tan brutal en manos de los hombres que tenemos unas heridas muy profundas que hacen que, de forma inconsciente, sintamos que nos tenemos que defender de ellos. Las mujeres hemos tenido que luchar mucho para conseguir lo que tenemos hoy en día en nuestra sociedad y a nuestro sistema inconsciente le cuesta entender que ahora ya no tenemos que seguir luchando en todas las situaciones, que nos podemos relajar, podemos confiar en los demás.

Lo doloroso del tema es que si yo no tengo la suerte de tener a alguien que se da cuenta de lo que realmente está pasando dentro de mí y me ayuda a salir de mi guerra interna muchas veces la guerra se traspasa al exterior. Es decir, mi pareja se siente atacada y el empieza a contraatacar. Con eso se perpetua mi sentimiento de miedo y es muy difícil salir de ese círculo vicioso.

Pero la historia va mucho más allá de las relaciones con los hombres. Yo me he estado observando más de cerca, siguiendo sobretodo los indicios de mi cuerpo que son los más fáciles de ver, y me he dado cuenta de que muchas veces cuando hablo con mis hijos y les pido o les mando algo también lo hago desde ese lugar de “guerra”.  Muchas veces cuando hablo con gente, aunque sean amigos, y defiendo mi punto de vista también me encuentro en pie de guerra. Osea que cuando lo miro de cerca y soy más consciente de lo que realmente hago me doy cuenta de que en muchas situaciones yo por dentro estoy creando mucha tensión, dispuesta a defenderme y a atacar en cualquier momento (aunque tal vez nunca lo haga) y me doy cuenta de lo agotador que es vivir así.

Y todavía he observado algo más: resulta que cuando escribo emails, hago las compras, recojo o hago muchas otras cosas yo sola también estoy en pie de guerra, también mi cuerpo se contrae y se aprieta por dentro, también le pongo energía a que eso que estoy haciendo no se me vaya de las manos y acabe en contra de mi. Tiene que ser como yo quiero, tiene que ser rápido, lo tengo que hacer bien…y todo eso hace que no me pueda relajar y simplemente hacer lo que hago sino que a nivel interno y sutil, me estoy peleando con la situación, le estoy poniendo tensión y esfuerzo.

Mi conclusión después de haber sentido los resultados de esa pelea interna constante, del estar en pie de guerra casi en permanencia es que es agotador, que no vale la pena, que me estoy creando yo misma una forma de vivir que no me deja descansar, ni a mi ni a los que están a mi alrededor. Realmente no vale la pena y siento que los años de pelea para las mujeres tienen que llegar a su fin. Yo al menos he tomado la determinación de dejar de pelearme y de buscar formas más fáciles, y más naturales de conseguir lo que yo quiero…sigo investigando y ya os contaré.

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